Proyecto Embajadores – Velada para narradores –

Una genial idea , expresada en el contexto del Proyecto Embajadores de Cervantes, coordinado por @avellana. Escucho su recomendación:
«Imagínense en una velada entre colegas, en un juego creativo en el que cada uno dejará volar su imaginación y su pluma, para luego leerlo a sus colegas. Y escuchará los cuentos de los otros participantes. Pero, cambie escuchar por leer»

Lo mismo les pido yo a ustedes, queridos lectores, siéntense cómodos, refrigerio en mano y lean alegres esta ronda de narraciones entre magia y realidad, provocada por el dúo @cervantes-@avellana.

Aquí viene mi relato.

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El niño que hay en mí, desde siempre estuvo atraído por aquella pasarela, puerta del  bosque, hoy no tan selva pero aún bosque. Eulogio, con sus ancestrales creencias trataba de mantenerme alejado, lo había escuchado secreteando con mi madre sobre el peligro de ser encantado como lo había sido su hermano, el primer protector de la vegetación selvática que conoció la zona.

Madre lo escuchaba paciente e inclinaba la cabeza en señal de asentimiento cada cierto tiempo, como la había vito hacer otras veces, cuando no quería discutir ni gastar palabras asintiendo sobre algo con lo que no estaba de acuerdo.

Madre era sabia. Mis pocos años me permitían ya saberlo. Su actitud lo entendí como un permiso para adentrarme en el mágico atractivo de una selva, ya menos selva a causa de una tala indiscriminada y penetraciones ilegales, a pesar de las leyendas locales, pensaba yo, destinadas a proteger ese mundo natural de pillos que querían arrebatar sus tesoros.

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A más de uno había visto regresar por la pasarela que mantenían activa, con plantas y pájaros para vender a los turistas. Algunos regresaban con mordeduras de serpientes y la mayoría con increíbles anécdotas de petríficados. Algunos no regresaban. Se los trago la selva, decían los eulogios, pues había muchos.

Al dejar atrás la pasarela sentí temor, mis 10 años parecían haberse escurrido y deseé estar abrazado a Madre. Miré al cielo, al que los árboles le permitían ver hacia abajo, a través de una estrella dibujada con sus copas.
La fuerza del sol se había suavizado y el azul era mas bien grisáceo. El niño que hay en mí sintió la imperiosa necesidad de huir de allí y una descomunal fuerza que me  obligaba a permanecer.

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Busqué entre los árboles, sentí que me miraban. Y lo vi, un anciano petrificado me miraba, de sus vestiduras brotaban hojas, igualmente pétreas. El hermano de Eulogio, pensé. Sentía su mirada y parecía querer hablarme. No podía dejar de mirarlo.

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Quise correr, pero no pude. Eulogio me empujó. Miraba al piso y siguió empujándome, sin levantar la mirada. Así llegué a la pasarela, a empujones. El indio me miró, aún siento frío cuando lo recuerdo. No vuelva a entrar- masculló.

¡No lo he hecho!

Separador de mi propiedad

Espero que les guste.
Si  deseas participar, visita la Convocatoria:https://steemit.com/cervantes/@cervantes/proyectoembajadores-veladaparanarradores-an03iy7fvz

¡¡¡Recuerden disfrutar el viaje!!!@cervantes

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GRACIAS POR LEER
POR PARTICIPAR EN ESTA VELADA


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